lunes, 24 de octubre de 2011

9. Fall Pause


Supongo que a muchos os sonará el Spring Break, esas vacaciones que dividen el semestre de primavera en dos y en las que los universitarios estadounidenses invaden las playas de Florida y acaban con las reservas de alcohol de la zona. Pues bien, en otoño hay otras vacaciones, que reciben el nombre de Fall Pause, y que a su vez dividen el Fall semester en dos. El de este año tuvo lugar del viernes 14 al martes 18 de octubre. Es lo que en España llamaríamos un "puente largo" sin más. Antes del Fall Pause tuvimos todos los midterms, que son los exámenes parciales, de modo que las dos semanas que precedieron a la pausa de otoño tuve montada la tienda de campaña en la biblioteca.

First Stop: Washington D.C.

El viernes 14 de octubre Chris y yo cogimos el coche y pusimos rumbo a la capital de los EE.UU. De camino paramos en Premium Outlets, en la frontera de Pensilvania con Maryland, ya que me hacían falta unas botas y en Nueva York no encontré unas que me gustaran. Después de repasar varias tiendas sin éxito, almorzamos en el Food court (que es la zona de restauración dentro de un centro comercial), y seguimos nuestro viaje.

Antes de relatar mi experiencia en la ciudad, dejadme que os explique muy brevemente su distribución. Washington D.C. significa "Washington District of Columbia", y está rodeado por los Estados de Virginia (al oeste y suroeste) y de Maryland (al norte, este y sureste). El Distrito de Columbia está dividido, mediante un eje vertical y otro horizontal, en cuatro cuadrantes: noroeste, noreste, suroeste y sureste. Ambos ejes se cruzan en un punto: el Capitolio, por lo que podemos decir que el Capitolio está en el centro de Washington D.C. El cuadrante donde viven las personas más acomodadas y, por extensión, el más cuidado y con la mayor oferta de ocio, es el noroeste.

Vista satélite de Washington D.C. y sus cuatro cuadrantes

Algo que no recomiendo por nada del mundo es adentrarse en la ciudad en coche. Craso error. Con lo que nos gastamos en parking en dos días ya habríamos comprado tres chalets en la Moraleja. La Virgen, qué caro es. Lo que se debe hacer es dejar el coche en un aparcamiento gratuito que hay a las afueras, coger el metro allí y ya moverse en metro todo el tiempo. Pero, quitando el tema aparcamiento —que puede asemejarse en otras ciudades—, la ciudad está muy bien. La compañía tampoco estuvo nada mal, ya que quedamos con unos amigos —malagueños— de Chris que estaban de viaje por el país y pudimos visitar juntos diversos lugares, como el edificio de la Old Post Office (la antigua oficina postal) desde el que se podía ver el Washington Memorial (Monumento a Washington) o el cuartel general del FBI.

Por la noche fuimos los cuatro a Georgetown, que es un barrio del noroeste con mucho encanto donde hay cantidad de bares, restaurantes y tiendas. Después de cenar y tomar unas cervezas por la zona, Chris y yo volvimos al centro y fuimos a Ultra Bar, una discoteca cuya fachada veíamos desde nuestra habitación y que estaba bastante bien: buena música, diferentes ambientes y precios razonables.

El sábado, por su parte, aprovechamos para visitar el National Mall (o Explanada nacional). Se encuentra justo en el eje que separa el cuadrante noroeste y el suroeste, y es una zona de jardines al aire libre donde se encuentran los principales monumentos de la ciudad y que está rodeada de museos. Cabe recalcar que en Washington casi todos los museos son gratuitos.

Nuestra primera parada fue el Museo del Aire y del Espacio, donde se pueden ver transbordadores espaciales, naves que fueron a la luna en su día y trajes de astronauta que conservan incluso el polvo lunar (y por cómo estaban los trajes, se ve que por allí barren poco). También vimos una película IMAX sobre los distintos aviones legendarios de la historia y pudimos tocar una piedra lunar.

Museo del Aire y del Espacio

A continuación, nos dirigimos al Museo de Historia Nacional Estadounidense, perteneciente a la Institución Smithsonian, donde se puede ver desde el sombrero de Lincoln hasta los zapatitos de rubí originales de El Mago de Oz.

Tras despedirnos de Francisco y Joaquín, Chris y yo continuamos el día por nuestra cuenta. Así, nos colamos en la terraza del Hotel W Washington, desde el que hay unas vistas geniales y, tras hacernos unas fotos rápidas delante de la Casa Blanca, volvimos a la zona del National Mall y fuimos caminando hasta el Lincoln Memorial, donde está la estatua de Lincoln sentado y desde donde se pueden ver el Reflecting Pond, el Washington Memorial y el Capitolio, alineados a la perfección. También se encuentran allí los monumentos a la Guerra de Vietnam, a la de Corea y a la Segunda Guerra Mundial y, tras verlos, mi infatigable, paciente y maravilloso guía accedió a que fuéramos en busca de mis ansiadas botas, aunque tampoco tuve mucho éxito esa vez...

Césped enfrente de la Casa Blanca, con el Monumento a Washington detrás

Ya a la noche, el padre de Chris vino y nos invitó a ver el partido de fútbol entre D.C. United y Chicago. Algo curioso es que aquí un día de partido implica llegar a mediodía al aparcamiento del estadio, sacar la parrilla y las bebidas, y pasarse el día de barbacoa a la espera de que empiece el partido a la tarde-noche. Una vez el partido hubo acabado, volvimos al coche y emprendimos la vuelta a Shippensburg.

Appalachian Trail

Aprovechando que estamos en otoño y que en esta zona de Pensilvania el cambio de color de las hojas es todo un espectáculo, el domingo decidimos hacer una ruta corta del sendero de los Apalaches. La ruta, llamada Pole Steeple Trail, culmina en la cima de una montaña donde las vistas son impresionantes.

Appalachian Trail, Pensilvania


Y algo muy interesante es que, de vuelta a Shippensburg, ¡tuve la suerte de ver un coche de Amish! Allí iban ellos, en pleno siglo XXI, con un carruaje al estilo Sherlock Holmes. Pero, eso sí, con el triangulito atrás. Jeje.


Coche Amish a la entrada de Shippensburg


Karting, Minigolf and Carlisle Halloween Parade

El lunes Chris me llevó a unos karts con la intención de darme una paliza, y al final se la di yo a él ;). Cuándo aprenderán estos guiris... Después de echar un minigolf cuyo resultado no viene al caso (...), volvimos a Carlisle y cenamos en Wendy’s, una especie de McDonald’s que algunas personas dicen es más sano, aunque hay polémica al respecto.

Tras esto, nos topamos con que era el desfile de Halloween de Carlisle y, como todo pueblo que se precie, no faltaron los pueblerinos (townies) que llegan una hora antes para coger sitio y poner sus sillas en la acera desde donde ver el desfile. Yo, muy inocente, al ver las primeras sillas en la acera no tengo otra cosa que pensar "anda mira, aquí la gente también se sienta al fresco". Jeje.

¡Y con eso se acabó lo que se daba! Aquí os dejo el enlace a las fotos del Fall Pause.


Hacia Halloween

Por su parte, este fin de semana pasado decoramos calabazas de Halloween (pumpkin carving), y conocí a los tíos de Chris, supersimpáticos, y también a un amigo suyo, Damon, con el que estuvimos tomando unas cervezas el sábado. Damon vive en Carlisle y es profesor de español en el instituto de Shippensburg (de hecho, fue el profesor de Chris cuando él estaba en el instituto). Lo curioso es que cada verano coge la maleta y se va a Pedregalejo, Málaga, a pasar el verano allí. Me alegra decir que es una persona más a la que quiero cocinarle una tortilla de patatas. Me lo pasé genial.

Decorando calabazas de Halloween :)

Por último, tengo que darle las gracias a mi guiri, porque gracias a él y a aguantarme… ¡al fin he dado con las botas que quería! Son unas Steve Madden que se escondían en un Macy’s del Harrisburg Mall, y que son ahora mismo las niñas de mis ojos ;).

Nada más, un beso y que paséis una buena semana!
Isa

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