jueves, 5 de abril de 2012

11. Spring Term

No puedo creer que hayan pasado tres meses desde mi última entrada. Lo cierto es que el tiempo en Dickinson pasa volando, y es que ni siquiera te da tiempo a pararte a pensar.
Bueno, aunque es bastante tiempo, voy a intentar hacer balance de lo que ha pasado desde mi vuelta.

(Aquí podéis ver las fotos de enero y febrero)

El 19 de enero de 2012 volví a pisar suelo americano. El semestre de primavera (o Spring semester) empezó oficialmente el 22. En cuanto a horarios de clase, la primera semana de cada semestre es muy flexible en el sentido de que permite que los estudiantes añadan o quiten asignaturas y terminen de aclarar su nuevo horario. En mi caso, tras un período inicial de caos, conseguí hacerme con las tres asignaturas necesarias para ser considerada estudiante a tiempo completo. Y algunos pensarán: “¿Estudiante a tiempo completo con solo tres asignaturas?”. Y yo respondo: A tiempo completísimo. Tres asignaturas de Dickinson equivalen por lo general a cuatro asignaturas de cualquier otra universidad estadounidense. Lo normal es que los estudiantes de Dickinson cursen cuatro asignaturas por semestre, y creedme cuando os digo que aquí la gente está a piñón desde el día que empieza el semestre hasta el día que acaba. Es un no parar.



En mi caso, el semestre pasado tenía más tiempo, y con diferencia. No me interpretéis mal, tenía deberes, trabajos, lecturas y demás casi todos los días. La diferencia es que este semestre es una gran broma, como diría una-que-yo-me-sé. Las asignaturas que tengo son las siguientes:

Social Foundations of American Education (Fundamentos sociales de la Educación estadounidense)

Educational Psychology (Psicología de la Educación)

Introduction to Environmental Studies (Introducción a Estudios medioambientales)

De todas ellas, Educational Psychology es la que me quita más tiempo. Es como una tarántula suelta por tu habitación: tienes que estar todo el rato pendiente de ella para que no te pique. Así son las asignaturas aquí. O estás, o no estás. Pero si estás, te van a recordar que lo estás a cada instante… Os pondré como ejemplo la asignatura que he mencionado antes: Educational Psychology. Además de las cincuenta páginas del libro de texto que hay que leer, resumir y estudiar para cada clase (o sea, para cada lunes, miércoles y viernes) y así poder participar en la tertulia (la participación aquí se valora mucho), la asignatura requiere otras tareas: entregar de forma periódica ensayos de reflexión sobre la materia que se está viendo; cumplir veinte horas de observación en colegios e institutos de la zona, tomando apuntes sobre aspectos concretos mientras estamos en las aulas para a su vez realizar informes semanales sobre lo observado, relacionándolo con las teorías y los conceptos vistos en clase; y realizar tres exámenes de rigor. Y ahora viene lo mejor: además de todo lo anterior, tenemos tareas específicas que hay que entregar cada dos semanas y un proyecto de investigación a presentar para final de semestre. Agobiante, ¿verdad? Ahora sumad a eso las otras dos asignaturas que completan mi horario y las responsabilidades para con el Departamento de Español y entenderéis mejor porqué he tardado tanto en dar señales de vida...

Por su parte, la asignatura de Introduction to Environmental Studies me gusta mucho. En ella tratamos los problemas medioambientales que existen hoy en día, las causas, las consecuencias de ellos y los diferentes caminos que se toman o se pueden tomar para combatirlos y reducir nuestro impacto en el planeta para que futuras generaciones puedan disfrutarlo durante muchos milenios más. Tenemos sesiones de laboratorio, un proyecto sobre el cambio climático para final de semestre, y excursiones a lugares de interés relacionados con el tema que se esté viendo en clase. Ya hemos visitado una vaquería al por mayor, la granja de Dickinson, y la planta de residuos del condado de York. Una chulada de asignatura, vamos.

Granja de Dickinson

En cuanto a las tareas de asistente de español o TA, este semestre tengo dos horas de clases a la semana que tengo que enseñar (en lugar de las cuatro que enseñaba el semestre pasado). Las demás tareas siguen intactas: writing tutor en el Centro de Escritura Multilingüe (Multilingual Writing Center) varias noches, asistir a la Mesa de español todos los miércoles por la tarde para cenar con estudiantes que quieran practicar su español en un ambiente distendido, y ayudar con la realización de eventos del Club de español.


Cositas interesantes y fresquitas

Respecto a la primera mitad del semestre, esta consistió principalmente en estudiar, trabajar y pasar los fines de semana con Chris. Él ha vuelto a la universidad para prepararse como profesor de español, y entre la semana está todo el tiempo de un lado para otro porque las clases están repartidas en varios pueblos (un ejemplo de que en Americalandia, sin coche, te comes los mocos).

Para mi cumpleaños di una fiesta en la Casa Hispánica, donde vivo, y me encantó ver que todas las caras con las que me alegra cruzarme día a día en el campus habían encontrado un hueco para desearme feliz cumpleaños, y he de decir que la sangría tuvo una gran acogida ;). 

Mi cumpleaños

La fiesta fue el mismo día de mi cumpleaños, jueves, y el viernes Chris y yo fuimos a Filadelfia a pasar el fin de semana allí. La verdad es que es un cielo. En un halo de sorpresas, me llevó a cenar al Melting Pot, un restaurante cuya comida gira entorno a la fondue, y la verdad es que la que pedimos estuvo súperrica (y la de postre de mil quinientos tipos de chocolate, sin palabras).

The Melting Pot, Filadelfia

Chris y yo

Después, el muy americanito me llevó a un partido de la NBA! Vimos a los Sixty-Sixers de Filadelfia contra los Miami Heat. El estadio, enorme. El precio de los snacks, escandaloso.

Partido de la NBA: los Sixty Sixers de Filadelfia contra Miami Heat

Después de eso, febrero estuvo cargado de tareas, más tareas, fiestas en la casa los fines de semana y labores organizativas de la visita de mi familia. Esta tuvo lugar durante las vacaciones de primavera, o Spring Break. Esa es la típica semana de vacaciones durante la cual los americanos se vuelven locos (y no me extraña, tanta tensión y estrés universitario tiene que salir por algún lado). Cuando se habla de Spring Break, en lo que muchos piensan es algo así: 


Pero, como os podéis imaginar, yo pasé las vacaciones con algo menos de riesgo de contraer una ETS ;)

Para la organización de la visita de mi familia, la mano invisible fue de nuevo Chris, que estuvo conmigo en todo momento para ayudarme a que todo saliera bien, y fue el que se encargó de llamar a todos los hoteles, solucionar problemas y el que condujo una furgoneta para doce personas haciendo más de 800 millas (unos 1300 km) en diez días. Y lo más difícil todavía: ¡aguantar a nueve ruidosos españoles durante ese tiempo!

Nuestro recorrido incluyó: Carlisle, Harrisburg, Shippensburg, Washington D.C., Baltimore, Filadelfia, Atlantic City y Nueva York. Nada mal, ¿eh?

Georgetown, Washington D.C.


South Street, Filadelfia

Atlantic City


Central Park, Nueva York

Si lo queréis, podéis ver las fotos del viaje en este enlace: Fotos Spring Break

Y tras el Spring Break, otra vez lo mismo: intentar seguir el ritmo de estos locos americanos. La verdad es que la universidad aquí es genial, se aprende muchísimo y hay mil actividades y eventos, pero también es muy estresante cuando todos los días parece que estás en la semana de finales... Pero bueno, eso ya da para otra entrada.

Hasta que ese momento llegue que la verdad, con tanto trabajo, no sé cuándo será...— sabed que estoy en buenas manos y que me lo estoy pasando de lujo :).

Besitos y achuchones varios,
Isa

sábado, 24 de diciembre de 2011

Recapitulemos...

Se me cae la cara de vergüenza. Y no es para menos. Han pasado dos meses desde la última vez que escribí una entrada —sorry!—. ¿Qué ha pasado desde entonces? A ver, recapitulemos: 

El fin de semana de Halloween lo pasé en casa de Chris. El sábado por la mañana, yo estaba tranquilita durmiendo a moco tendido y de repente este viene, me coge en brazos y me sube al salón mientras me pide que cierre los ojos. Acto seguido me suelta en el suelo y me dice “Ok, now open your eyes”. Me había plantado enfrente del ventanal de su salón y ante mí se presentaba una de las imágenes más bonitas que he visto hasta ahora: todos los árboles que hay enfrente de su casa, su calle, su jardín… todo estaba cubierto de nieve. Exactamente: ¡estaba nevando! Era una imagen preciosa. Mientras yo miraba el hipnotizante caer de los copos de nieve, la familia de Chris me contaba la otra cara de la nevada: como había caído en octubre y muchos árboles aún no habían perdido sus hojas, la nieve se había acumulado en ellas y había provocado que muchas ramas se desprendieran debido al peso, provocando cortes eléctricos que dejaron a muchas familias sin electricidad o televisión durante varios días. 

Nevada el último fin de semana de octubre

Ese domingo, Chris me llevó a ver un partido de hockey de los Hershey Bears. Sigo sin aprobar la violencia en los deportes porque creo que en ese momento pierden toda la deportividad, pero la verdad es que como experiencia cultural está muy bien. Tras el partido fuimos a la Fábrica de Chocolate de Hershey, que estaba al lado, donde te podías montar en uno de estos cochecitos que van por unos raíles mientras te cuentan cómo hacen el chocolate. En los Estados Unidos, el chocolate Hershey está por todas partes. Es como Nestlé en Europa: no hay escapatoria. 

Partido de hockey sobre hielo (y nachos)

Si queréis ver las fotos de lo que fue mi octubre, haced clic aquí.


Otro fin de semana Chris nos llevó por sorpresa a patinar sobre hielo a Chiara (IT), Diana (MEX) y a mí, y me encantó. Después dimos una vuelta por Harrisburg porque las niñas aún no habían estado y vimos el atardecer desde allí. Otro día fuimos a un parque natural que hay entre Carlisle y Shippensburg, y otro fuimos a un mirador cerca de Carlisle desde donde se pueden observar águilas (o como se dice aquí, to go Hawk watching). La verdad es que águilas, lo que se dice águilas, no vimos. Pero lo que sí pudimos hacer es contemplar desde allí la vista de 360º, desde donde se apreciaba todo el valle. Como curiosidad, el símbolo de EE.UU. es el águila calva, o bald eagle en inglés, pero sabíamos que a esta no la íbamos a poder ver porque un cartel de la zona ya nos avisaba de que no era la época en la que estas pululaban por el aire. 

De izq. a der.: Diana, Chris, yo y Chiara en la pista de patinaje sobre hielo
Yo desde el mirador desde donde se otean las águilas

El viernes 18 de noviembre, Spenser, Chris y yo fuimos a Washington D.C. a ver a Avicii (un DJ sueco). Allí habíamos quedado con Katie, la compañera de piso de gringoman en Málaga. Conseguimos una habitación para los cuatro en el mismo hotel del centro donde nos habíamos quedado durante el Fall Pause y por solo 18 dólares por cabeza. Pas mal, ah? El precio salió tan barato porque repetimos experiencia con Priceline.com. Es una página web para pillar ofertas en la que introduces la(s) zona(s) de la ciudad donde quieres que esté tu hotel, las estrellas que quieres que tenga y el precio máximo que estás dispuesto a pagar. Nosotros pusimos tres estrellas y media, seleccionamos zonas del centro y para pagar máximo 72 dólares, y allí que nos volvimos a plantar en un Marriott del centro. El único inconveniente que se le puede achacar a la página es que en el momento que encuentra un hotel que disponga de una habitación por ese precio, automáticamente la reserva, por lo que previamente hay que introducir los datos de la tarjeta de crédito o débito. Pero si no encuentra ninguna, no te cobra nada, por lo que está muy bien. 

Por su parte, Avicii estuvo genial: 10 000 personas en el D.C. Armory, un recinto que está al lado del estadio de fútbol del D.C. United. Para quienes no lo conozcan todavía, aquí os dejo un enlace a mi canción favorita de él: Fade Into Darkness. Ahora bien, a la salida del evento hacía un frío de narices.


De izq. a der.: Spenser, yo y Katie, antes de ir a ver a Avicii

Avicii pinchando en el D.C. Armory


Al día siguiente aprovechamos para dar otra vuelta por la ciudad y, entre otras cosas, bordeamos la Tidal Basin, que forma parte del National Mall. 

Chris y yo con la Tidal Basin y el Monumento a Washington detrás

A los tres días comenzaba el Thanksgiving Break (vacaciones del Día de Acción de Gracias) y, ¿a que sabéis con quién lo pasé? Exacto: con Chris. Jeje. Su familia me invitó a pasar esos días con ellos y allí que fue la mexicana ilegal (como se me llama cariñosamente). El Día de Acción de Gracias —en EE.UU.—, es siempre el último jueves de noviembre. Todos los familiares viajan para pasar ese día en familia y, por lo que las series y películas nos han ilustrado en numerosas ocasiones, es una tradición muy importante. La comida típica es pavo con salsa gravy, relleno del pavo (que a mí no me gustó para nada, pero ya se sabe que para gustos, colores) y sweet potatos. Hay más platos, pero esos son los más destacados. Ese día lo pasamos en casa de un hermano del padre de Chris con toda esa parte de su familia, y al terminar salimos fuera y me dijeron que íbamos al trampoline. Mi instinto me decía que no se podía tratar de un trampolín, porque por muy especialitos que fuesen los americanos, no cabía en ninguna cabeza que quisieran tirarse desde un trampolín con el frío que hacía. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que se trataba de una cama elástica! Allí estuvimos dando brincos hasta que nos hartamos, y después Chris, su padre y un primo suyo estuvieron jugando a throw and catch the ball, o séase, a tirarse la pelota de fútbol americano y a atraparla. Yo estaba diciendo “¡Esto no puede ser verdad!”. La verdad es que la imagen era lo que podríamos llamar “muy americana”. 

Spenser saltando en la cama elástica

Si queréis ver todas las fotos de noviembre, haced clic aquí.


Después de las vacaciones de Acción de Gracias solo quedaban dos semanas de clases y la semana de exámenes finales. Dos semanas estudiando sin parar, escribiendo papers (ensayos) y asistiendo a eventos navideños de los diferentes clubs de idiomas de Dickinson (donde siempre hay comida típica del país del que es el evento). 

Aun así pude encontrar tiempo para ir a la fiesta de Navidad de Niki, la hermana mayor de Chris, que vive en Filadelfia (para los que les quede duda, me refiero a la ciudad, no a la crema de untar). Anyway… Cuando llegamos visitamos el centro y el mercado navideño que había delante del ayuntamiento, y decidimos ir al museo que está al final de Franklin Avenue para ver la avenida desde allí y subir los escalones por los que subió Rocky. Desafortunadamente hacía un frío y un viento CONSIDERABLES, por lo que a eso de la mitad de la avenida optamos por volver sobre nuestros pasos y buscar un bar en el centro donde echaran el Barça-Madrid y así estar calentitos. Parecía que todos los españoles, argentinos, uruguayos, etc. se habían puesto de acuerdo para ir a ese bar: no cabía ni una aguja. 

Franklin Avenue con el Museo de Arte al fondo (donde están los escalones de Rocky)

Por su parte, la fiesta estuvo muy bien y conocí a gente muy simpática de entre 25 a 35 años. Jugué al beer pong que habían establecido en el sótano. Se trata de un juego muy extendido en las fiestas universitarias, que consiste en lo siguiente: 

Se cogen doce vasos de plástico (en EE.UU. son los típicos rojos o azules que aparecen en las fiestas universitarias de las películas, por supuesto) llenos de cerveza hasta la mitad y se colocan seis en cada extremo de la mesa, formando un triángulo a cada lado. Las parejas se colocan también a cada extremo, y ambas tienen que intentar meter la bola de ping pong en uno de los vasos del equipo contrario, que están al otro extremo de la mesa. Cada bola que un equipo meta en uno de los vasos del equipo contrario, es un vaso que ese equipo se tiene que beber y quitar de la mesa. El equipo que antes consiga meter la bola en todos los vasos del otro equipo, gana. 

Beer pong

Pues bien, después de ver cómo dos chicos ganaban una y otra vez, nos tocó el turno a Spenser y a mí. Yo no había jugado en mi vida, y en lo que se refiere a deportes soy una paquete, pero no contaba con un importante detalle. ¿Qué personaje acompaña siempre al paquete en las películas? El mentor. Y, cómo no, yo también tuve uno: de la nada salió una chica que empezó a darme instrucciones de cómo tenía que lanzar la bola, la posición del codo, qué tenía que pensar, qué no debía hacer… y las tres primeras veces que lancé, bola dentro. 

Esto puede no parecer gran cosa, pero imaginaos la situación: dos chicos dándole una paliza a todo aquel que osa desafiarles. Pareja tras pareja, paliza tras paliza. De repente nos presentamos Spenser, medio borracha, y yo, una española que, increíblemente para ellos, no había jugado en su vida. No es de extrañar que la actitud de los dos chicos fuese de “bueno, esto va a ser rápido…”. Y, de repente, la española por la que nadie daba ni un duro empieza a meter bola tras bola. Pues no os voy a engañar: la gente me aclamaba… hasta que empecé a fallar, volviendo a la realidad. Jaja. Perdimos, como es lógico, porque aquello no era una película americana con mensaje de esperanza y lagrimilla al final. Pero estuvo bastante guay. Una experiencia cultural más. 

Con mi mentora

Al día siguiente sí que conseguimos ir a los escalones de Rocky. Pero antes paramos para comer un Philly Cheesesteak, que es un bocadillo con filete dentro y queso fundido, típico de Filadelfia. Estaba muy rico, pero donde se ponga un plato de migas, que me dejen de tonterías… ;) También dimos un paseo rápido por South Street, que es una calle súperlarga con muchas tiendas curiosas y con edificios pintados de muchos colores, y cuando nos dimos cuenta ya era la hora de irnos. De nuevo, unas dos horas y algo en coche y de vuelta a Carlisle. 

Philly Cheesesteak
South Street


Y ya lo que me quedaba era lunes, martes y la mañana del miércoles para terminar los papers (trabajos o ensayos) de final de semestre y los últimos exámenes, porque el miércoles por la tarde volvimos a coger el coche Chris y yo y tras tres horas nos plantamos en Nueva Jersey. Nos quedamos en la casa de un amigo ecuatoriano de Chris que se llama Robert, y lo conocí a él y a toda su familia. La verdad es que son unos soles que se preocuparon por que no nos faltara de nada en ningún momento (¡y la cocina de su madre estaba también súperrica!). 

El jueves nos levantamos temprano y aprovechamos para hacer día de turismo por Nueva York. Empezamos viendo el 9/11 Memorial o Monumento al 11S, donde hay dos fuentes inmensas en el lugar donde se encontraban las dos torres. La verdad es que no me las esperaba tan grandes, pero la verdad es que las torres debían de ser enormes. A continuación empezamos a subir desde el World Trade Center por Chinatown, Little Italy, Greenwich Village y West Village, y ya ahí decidimos coger el metro hasta el Madison Square Garden. De ahí seguimos subiendo y fuimos al Bryant Park, donde habían puesto una pista de patinaje sobre hielo, y de ahí fuimos subiendo la Quinta Avenida pasando por el Rockefeller Center, donde está la famosa pista de patinaje con las luces, el árbol de navidad, y todo muy bien decorado. Como curiosidad: patinar en la pista de hielo del Rockefeller cuesta 31 dólares, mientras que hacerlo en la del Bryant Park cuesta catorce, y además la de Bryant es el doble de grande. Claro está, que patinar en el Rockefeller Center en Navidad es algo a lo que muchas personas no se pueden resistir (un must-do). Nosotros sí, ya que la cosa “está mu mala”. Del Rockefeller Center seguimos subiendo la Quinta Avenida hasta el Central Park, donde habían puesto otra pista de patinaje, aunque esta no estaba tan bien iluminada como las anteriores. Después de hacer un par de fotos de lo más románticas aprovechando la vista del skyline desde uno de los puentes de Central Park, bajamos por la Avenida de las Américas hasta Times Square y de ahí emprendimos la vuelta a la casa de Robert en Nueva Jersey. En total fueron diez horas sin parar de andar de una punta a la otra de Manhattan y, aun a riesgo de parecer una abuela, confieso que mis pies y mi cadera ya no daban más de sí. 

Chris y yo en Central Park

Si queréis ver las fotos de Filadelfia y de Nueva York, haced clic aquí.


Al día siguiente (viernes) a las 4pm estaba ya montada en el avión rumbo a Málaga, adonde llegaría el sábado a las 10:30 de la mañana. Ni mis amigos, ni mi familia, ni siquiera mi madre sabían que iba para allá. Mis cómplices: mi madrina y mi apañero Javi. Mi madrina me recogería del aeropuerto y me llevaría a mi casa para darle una sorpresa a mi madre, que creía que yo no llegaba hasta el martes siguiente. Pero eso ya es otra historia: la de la Navidad de las sorpresas, como la he bautizado ;).

Un saludo a todos y para los valientes que hayan conseguido leer hasta el final... ¡enhorabuena!

lunes, 24 de octubre de 2011

9. Fall Pause


Supongo que a muchos os sonará el Spring Break, esas vacaciones que dividen el semestre de primavera en dos y en las que los universitarios estadounidenses invaden las playas de Florida y acaban con las reservas de alcohol de la zona. Pues bien, en otoño hay otras vacaciones, que reciben el nombre de Fall Pause, y que a su vez dividen el Fall semester en dos. El de este año tuvo lugar del viernes 14 al martes 18 de octubre. Es lo que en España llamaríamos un "puente largo" sin más. Antes del Fall Pause tuvimos todos los midterms, que son los exámenes parciales, de modo que las dos semanas que precedieron a la pausa de otoño tuve montada la tienda de campaña en la biblioteca.

First Stop: Washington D.C.

El viernes 14 de octubre Chris y yo cogimos el coche y pusimos rumbo a la capital de los EE.UU. De camino paramos en Premium Outlets, en la frontera de Pensilvania con Maryland, ya que me hacían falta unas botas y en Nueva York no encontré unas que me gustaran. Después de repasar varias tiendas sin éxito, almorzamos en el Food court (que es la zona de restauración dentro de un centro comercial), y seguimos nuestro viaje.

Antes de relatar mi experiencia en la ciudad, dejadme que os explique muy brevemente su distribución. Washington D.C. significa "Washington District of Columbia", y está rodeado por los Estados de Virginia (al oeste y suroeste) y de Maryland (al norte, este y sureste). El Distrito de Columbia está dividido, mediante un eje vertical y otro horizontal, en cuatro cuadrantes: noroeste, noreste, suroeste y sureste. Ambos ejes se cruzan en un punto: el Capitolio, por lo que podemos decir que el Capitolio está en el centro de Washington D.C. El cuadrante donde viven las personas más acomodadas y, por extensión, el más cuidado y con la mayor oferta de ocio, es el noroeste.

Vista satélite de Washington D.C. y sus cuatro cuadrantes

Algo que no recomiendo por nada del mundo es adentrarse en la ciudad en coche. Craso error. Con lo que nos gastamos en parking en dos días ya habríamos comprado tres chalets en la Moraleja. La Virgen, qué caro es. Lo que se debe hacer es dejar el coche en un aparcamiento gratuito que hay a las afueras, coger el metro allí y ya moverse en metro todo el tiempo. Pero, quitando el tema aparcamiento —que puede asemejarse en otras ciudades—, la ciudad está muy bien. La compañía tampoco estuvo nada mal, ya que quedamos con unos amigos —malagueños— de Chris que estaban de viaje por el país y pudimos visitar juntos diversos lugares, como el edificio de la Old Post Office (la antigua oficina postal) desde el que se podía ver el Washington Memorial (Monumento a Washington) o el cuartel general del FBI.

Por la noche fuimos los cuatro a Georgetown, que es un barrio del noroeste con mucho encanto donde hay cantidad de bares, restaurantes y tiendas. Después de cenar y tomar unas cervezas por la zona, Chris y yo volvimos al centro y fuimos a Ultra Bar, una discoteca cuya fachada veíamos desde nuestra habitación y que estaba bastante bien: buena música, diferentes ambientes y precios razonables.

El sábado, por su parte, aprovechamos para visitar el National Mall (o Explanada nacional). Se encuentra justo en el eje que separa el cuadrante noroeste y el suroeste, y es una zona de jardines al aire libre donde se encuentran los principales monumentos de la ciudad y que está rodeada de museos. Cabe recalcar que en Washington casi todos los museos son gratuitos.

Nuestra primera parada fue el Museo del Aire y del Espacio, donde se pueden ver transbordadores espaciales, naves que fueron a la luna en su día y trajes de astronauta que conservan incluso el polvo lunar (y por cómo estaban los trajes, se ve que por allí barren poco). También vimos una película IMAX sobre los distintos aviones legendarios de la historia y pudimos tocar una piedra lunar.

Museo del Aire y del Espacio

A continuación, nos dirigimos al Museo de Historia Nacional Estadounidense, perteneciente a la Institución Smithsonian, donde se puede ver desde el sombrero de Lincoln hasta los zapatitos de rubí originales de El Mago de Oz.

Tras despedirnos de Francisco y Joaquín, Chris y yo continuamos el día por nuestra cuenta. Así, nos colamos en la terraza del Hotel W Washington, desde el que hay unas vistas geniales y, tras hacernos unas fotos rápidas delante de la Casa Blanca, volvimos a la zona del National Mall y fuimos caminando hasta el Lincoln Memorial, donde está la estatua de Lincoln sentado y desde donde se pueden ver el Reflecting Pond, el Washington Memorial y el Capitolio, alineados a la perfección. También se encuentran allí los monumentos a la Guerra de Vietnam, a la de Corea y a la Segunda Guerra Mundial y, tras verlos, mi infatigable, paciente y maravilloso guía accedió a que fuéramos en busca de mis ansiadas botas, aunque tampoco tuve mucho éxito esa vez...

Césped enfrente de la Casa Blanca, con el Monumento a Washington detrás

Ya a la noche, el padre de Chris vino y nos invitó a ver el partido de fútbol entre D.C. United y Chicago. Algo curioso es que aquí un día de partido implica llegar a mediodía al aparcamiento del estadio, sacar la parrilla y las bebidas, y pasarse el día de barbacoa a la espera de que empiece el partido a la tarde-noche. Una vez el partido hubo acabado, volvimos al coche y emprendimos la vuelta a Shippensburg.

Appalachian Trail

Aprovechando que estamos en otoño y que en esta zona de Pensilvania el cambio de color de las hojas es todo un espectáculo, el domingo decidimos hacer una ruta corta del sendero de los Apalaches. La ruta, llamada Pole Steeple Trail, culmina en la cima de una montaña donde las vistas son impresionantes.

Appalachian Trail, Pensilvania


Y algo muy interesante es que, de vuelta a Shippensburg, ¡tuve la suerte de ver un coche de Amish! Allí iban ellos, en pleno siglo XXI, con un carruaje al estilo Sherlock Holmes. Pero, eso sí, con el triangulito atrás. Jeje.


Coche Amish a la entrada de Shippensburg


Karting, Minigolf and Carlisle Halloween Parade

El lunes Chris me llevó a unos karts con la intención de darme una paliza, y al final se la di yo a él ;). Cuándo aprenderán estos guiris... Después de echar un minigolf cuyo resultado no viene al caso (...), volvimos a Carlisle y cenamos en Wendy’s, una especie de McDonald’s que algunas personas dicen es más sano, aunque hay polémica al respecto.

Tras esto, nos topamos con que era el desfile de Halloween de Carlisle y, como todo pueblo que se precie, no faltaron los pueblerinos (townies) que llegan una hora antes para coger sitio y poner sus sillas en la acera desde donde ver el desfile. Yo, muy inocente, al ver las primeras sillas en la acera no tengo otra cosa que pensar "anda mira, aquí la gente también se sienta al fresco". Jeje.

¡Y con eso se acabó lo que se daba! Aquí os dejo el enlace a las fotos del Fall Pause.


Hacia Halloween

Por su parte, este fin de semana pasado decoramos calabazas de Halloween (pumpkin carving), y conocí a los tíos de Chris, supersimpáticos, y también a un amigo suyo, Damon, con el que estuvimos tomando unas cervezas el sábado. Damon vive en Carlisle y es profesor de español en el instituto de Shippensburg (de hecho, fue el profesor de Chris cuando él estaba en el instituto). Lo curioso es que cada verano coge la maleta y se va a Pedregalejo, Málaga, a pasar el verano allí. Me alegra decir que es una persona más a la que quiero cocinarle una tortilla de patatas. Me lo pasé genial.

Decorando calabazas de Halloween :)

Por último, tengo que darle las gracias a mi guiri, porque gracias a él y a aguantarme… ¡al fin he dado con las botas que quería! Son unas Steve Madden que se escondían en un Macy’s del Harrisburg Mall, y que son ahora mismo las niñas de mis ojos ;).

Nada más, un beso y que paséis una buena semana!
Isa

martes, 18 de octubre de 2011

8. New York, New York...

Tras semanas sin parar, por fin encuentro un hueco para escribir. Ya era hora, ¿no? Lo cierto es que con los exámenes parciales (o midterms, en inglés) no he tenido tiempo ni para respirar.

Aunque debería dedicar esta entrada a las vacaciones de Fall Pause (o descanso de otoño) que acabamos de tener, antes me gustaría contaros mi primer encuentro con la Capital del Mundo. Y es que el último fin de semana de septiembre fuimos a Nueva York. 

Viernes

Llegamos a Penn Station el viernes por la tarde. Como esperamos demasiado para reservar el hostal, al final las opciones no eran buenas, por lo que optamos por alquilar un apartamento cerca del edificio de la ONU que, increíble pero cierto, nos salía mejor. Hicimos la reserva para seis personas, y nos metimos nueve mozas. Está claro. 

En nuestro apartamento de la calle 45 con la segunda 

Ya que Dani no se quedaba con nosotras, quedamos con él después de arreglarnos y salimos dispuestas a celebrar el cumpleaños de Diana, la TA de México. En el camino desde el apartamento hacia Times Square pasamos por un sitio que me encantó: Bryant Park. Es un parque con mucho encanto completamente rodeado de rascacielos a escasos metros de Times Square. Después de cenar en el McDonald’s de turno, entramos en un “nightclub” (algo así como una discoteca) que se llamaba Frames. Las comillas vienen porque no era solo un nightclub: en EE.UU. es normal encontrarse diversos establecimientos bajo el mismo techo. Por ejemplo, al entrar en este lugar, había un restaurante a la derecha, una bolera a la izquierda, una zona de discoteca al subir unos escalones y una barra de bar circular en el centro de todo.

Tras Frames, nos tomamos una ronda de margaritas en un mexicano y decidimos volver al apartamento para dormir un par de horas, así que metro y para casa. 

En Times Square 

Sábado 

A las 09.30 a.m. estábamos ya en Central Park. Allí nos esperaba Dani, y María: una amiga norteña del año que estuve de Erasmus en Reino Unido, y a la que no veía desde entonces. El Ministerio le ha dado una de las once becas de auxiliar de conversación que había para EE.UU., así que va a pasarse un añito en Nueva York. Ahí es nada. 

Después de una vuelta rápida por el inmenso parque, comenzamos nuestro itinerario —diseñado por nuestro excelente guía, Mr. Daniel Cuevas— que incluyó un paseo por la Quinta Avenida; una panorámica de Manhattan desde el Rockefeller Center, cuyo ascensor sube los 70 pisos en unos 60 segundos; la Catedral de St. Patrick; pizzas en el World Trade Center (donde vimos a los indignados de aquí); ida y vuelta en el ferry que va a Staten Island para ver la Estatua de la Libertad (de ese modo la ves gratis); y —ahora empieza lo mejor— andar desde el sur de Manhattan pasando por Chinatown, por Soho, por West Village —que me encantó—, y callejear hasta llegar al Flatiron District. 

Upper Manhattan y Central Park desde el Rockefeller Center 

West Village 

Después de un descanso más que merecido para recoger fuerzas, fuimos a cenar a un diner del Seaport (área del puerto donde hay restaurantes y bares), nos morimos de frío viendo el puente de Brooklyn desde el puerto y nos atrevimos a andarlo después. Digo que nos atrevimos porque estaba lloviendo y hacía viento, por lo que no os podéis ni imaginar la rasca que hacía en el puentecito a esas horas de la noche... Aunque, claro está, nuestro premio fueron unas vistas espectaculares :). 

Puente de Brooklyn visto desde el Seaport 

Domingo 

La mañana del domingo dejé los bártulos en las taquillas de Amtrak en Penn Station y me puse a callejear en busca de H&M y Zara. Aparte de porque me hacía falta comprar algo de ropa, decidí hacerlo en lugar de ir a algún sitio más porque sé que volveré a ir en un par de meses, cuando algunas personitas que yo me sé vengan a verme, y también cuando me visite mi familia en marzo. Tras las compras de rigor, véase correr hacia la estación –como era de esperar…– y estar de vuelta en Carlisle para trabajar a las 20:30 en el Multilingual Writing Center. 

Algo que tengo que decir acerca de Nueva York es que la gente allí es muy simpática. La verdad es que es algo que me sorprendió, porque me esperaba un trato más frío, y en cambio todas las personas con las que me crucé eran amabilísimas. Sin duda, punto a favor. Me quedé con ganas de ver muchas cosas, pero pienso ir al menos tres veces más, así que ya tendré tiempo entonces de tacharlas de mi lista. 

Os dejo en este enlace las fotos del viaje a Nueva York, por si las queréis ver.


Primeras semanas de octubre: midterms 

Las dos semanas que han seguido al viaje a Nueva York se resumen en biblioteca y exámenes parciales, tras las cuales he tenido el descanso de otoño, que termina hoy martes y del que os hablaré en un par de días.

Cuesta creer que, tras cinco días sin preocupaciones, en un par de horas vuelvan las clases y el ajetreo de no parar. Qué le vamos a hacer... 

C'est la vie!

miércoles, 28 de septiembre de 2011

7. We really need to catch up!

¿Alguien cree en el destino? En lo que a mí respecta, no lo sé. Creo que prefiero la idea del libre albedrío. Me gusta pensar que cada uno va creando su propio camino mientras lo anda, y que los distintos senderos por los que decidimos avanzar nos llevan a un sitio o a otro. Esto implica que hay senderos que decides o que tienes que dejar a un lado. Pero, ¿y si el sendero que escogiste te brinda más tarde la posibilidad de descubrir otro que dejaste a un lado en el pasado, al encontrarse con este de nuevo? Eso es básicamente lo que me ha pasado a mí. Más adelante os lo explicaré con más detalle, pero ahora quiero poneros al día de lo que ha pasado en estos quince días.

Shippensburg

El viernes 16, un amigo de aquí que se llama Chris me invitó a pasar el viernes y el sábado en su pueblo natal, Shippensburg, que está a unos 25 minutos de Carlisle. Parte del pueblo pertenece al Condado de Cumberland (al igual que Carlisle) y parte al Condado de Franklin.

Cuando llegué, Chris me enseñó su casa que es supermona y fuimos a cenar a una pizzería con sus padres y su hermana Spenser. Por la noche fuimos los tres Chris, Spenser y yo a tomar algo a un bar del centro del pueblo. Algo curioso es que aquí, aparte de las cervezas típicas (Blue Moon y Yuenglings nunca faltan en grifo) tienen cervezas de temporada que, como su nombre indica, solo se dan en una época del año, por lo que esa noche tuve la ocasión de probar la de otoño (de una marca que no recuerdo).

Otra cosa que me llamó la atención es que, en un momento dado, ya no había música en el bar. Como era bastante temprano, les pregunté a Chris y a Spenser que si nos estaban echando ya, y me dijeron que no: lo que pasaba es que alguien tenía que ir a la máquina y poner alguna canción. Mi mirada fue entonces buscando la típica máquina de discos de las películas americanas, pero se encontró con una máquina delgada con pantalla táctil del sello y diseño de Apple. Para que hubiese música, la gente se acercaba con un dólar y añadía la canción que quisiese a la lista de reproducción. Me imagino la reacción en España si esa máquina se instalara en algún bar: «a ese no, que cobran por la música». Yo al sistema le veo sus pros y sus contras. Una ventaja es que si tienes muchas ganas de escuchar o de bailar una canción, la pones y a bailar se ha dicho. El inconveniente es que puede que en ocasiones no haya música ya que, para ello, alguien tiene que querer gastarse el dinero de su bolsillo.

Tras el bar fuimos a Wibs, algo así como una discoteca rústica; una cabaña con paredes de madera con varias zonas. Al verme allí, sentí que estaba de verdad en América, con los neones de las distintas cervezas colgando de las paredes y las televisiones sintonizadas en los canales deportivos. Me encantó el pensar que era la única extranjera del bar, que estaba teniendo el privilegio de experimentar una parte de la vida de allí tan simple como es ir a la discoteca del pueblo, algo que no puedes hacer a no ser que alguien del país te lleve y te muestre esa y otras trivialidades que conforman el día a día de los habitantes de ese lugar; la cultura que no se enseña en los museos. Integración cultural en toda regla.

Foto de Wibs sacada de Internet

A la mañana siguiente también tuve una sensación parecida cuando cogimos una pelota y un guante de softball (deporte parecido al béisbol que suelen practicar las chicas en el instituto y la universidad) y nos fuimos al césped de la parte delantera de la casa. Allí estuvimos un rato, Chris lanzándome la pelota y yo atrapándola con el guante, hasta que cogimos las bicis y nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo. Llegados a un punto, la carretera por donde íbamos tenía un lago a cada lado, y en ambos había muchos patos. No acababa de empezar a preguntarle a Chris si creía que los patos atravesarían la carretera alguna vez para ir de un lago al otro, ¡cuando empezaron a hacerlo! Presencié una de las imágenes más cucas de mi vida: una fila interminable de patitos cruzando la carretera mientras coches parados en ambos sentidos esperaban a que cruzasen... También visitamos el campus de la universidad, la Shippensburg University, que es donde se licenció Chris.

Ya a la tarde/noche (en inglés se dice evening y Santas Pascuas) volvimos a Carlisle para la fiesta internacional que se organizaba en mi casa y, de camino, visitamos un lago que hay entre Shippensburg y Carlisle (al lado del cual había incluso una señal de tráfico con un pato que me encantó).

Cartel al lado de un lago cerca de Carlisle

Homecoming Weekend

La semana pasada, por su parte, estuvo también muy bien. El jueves vino Chris y me llevó de sorpresa a ver El Rey León en 3D, lo que me hizo mucha ilusión porque es junto con La Bella y la Bestia una de mis películas de Disney preferidas, y solo estaba durante dos semanas en los cines. A la noche fuimos al Gingerbread Man ("muñequito de jenjibre" en español), que es un bar que está a cinco minutos de casa y cuya decoración me gusta mucho. Está dividido por dentro en dos bares, uno donde se puede fumar y otro donde no, y están comunicados por una puerta.
Fachada del bar Gingerbread Man

El viernes empezaba el Homecoming Weekend, que es un fin de semana en el que las familias de los estudiantes y los ex-alumnos vienen al campus, y durante el cual se organizan múltiples actividades. Para la cena, por ejemplo, decidimos ir a la Italian Party que organizaba el Departamento de Italiano en Bosler (el edificio donde se imparten las lenguas modernas) y nos pusimos hasta las cejas de comida italiana, y después acudimos a un concierto de música latina/cubana que organizaba el Departamento de Estudios africanos. 

Ya el sábado, las chicas y yo fuimos a ver el partido de fútbol americano entre Dickinson y otra universidad, donde nos dieron camisetas de Dickinson, pompones, y perritos y hamburguesas como almuerzo. Como ninguna teníamos mucha idea de fútbol americano, una madre (curiosamente, la madre de una de las alumnas a las que doy clase) se puso a explicarnos cómo iba el tema, y pudimos disfrutarlo un poco más. Menos mal, porque yo ya en varias ocasiones había aplaudido fervientemente cuando resulta que la jugada había sido mala para Dickinson, o gritaba "Get him!" (algo así como "¡paradlo!") cuando éramos nosotros los que estábamos atacando...

De izq. a der.: Sarah (Francia), yo (España), Sasha (Rusia), Diana (México), Johanna y Caroline (Alemania) y Chiara (Italia)
El sábado por la noche organizamos una cena internacional los TA en la casa de las lenguas romances, que es donde vivimos los TA de español, francés e italiano, y algunos estudiantes que fueron seleccionados para vivir en la casa y hablar únicamente en uno de esos tres idiomas mientras estén en ella. Para nuestra primera cena internacional, Chiara (la primera por la derecha) cocinó pasta a la carbonara; Sasha (tercera por la izquierda), un pastel de manzana ruso; y Sarah (primera por la derecha), hizo crêpes como buena francesa, y nos enseñó a darles la vuelta al vuelo con la sartén :).

Y nada más, os dejo que tengo que ir a la Mesa de español de 5 a 7, que es básicamente ir a la cafetería a coger la cena y llevártela a una sala que está al lado para cenar con profesores y estudiantes que vienen para hablar ese rato en español. Yo voy los martes a la de alemán, los miércoles a la de español (es una de mis obligaciones como TA), y los jueves a la de francés.

Os dejo aquí el enlace al álbum de fotos de Picasa con las fotos de este primer mes en E.E.U.U.; espero que os gusten. Y, bueno, este fin de semana me voy a Nueva York, así que ¡ya os contaré qué tal está la Gran Manzana estos días!

Un beso a todos, pequeños cervatillos. Sed buenos :)