Supongo que a muchos os sonará el Spring
Break, esas vacaciones que dividen el semestre de primavera en
dos y en las que los universitarios estadounidenses invaden las playas de
Florida y acaban con las reservas de alcohol de la zona. Pues bien, en otoño
hay otras vacaciones, que reciben el nombre de Fall Pause, y que a su vez
dividen el Fall semester en dos. El de este año tuvo lugar del viernes 14 al
martes 18 de octubre. Es lo que en España llamaríamos un "puente
largo" sin más. Antes del Fall Pause tuvimos todos los midterms,
que son los exámenes parciales, de modo que las dos semanas que precedieron a
la pausa de otoño tuve montada la tienda de campaña en la biblioteca.
First Stop: Washington D.C.
El viernes 14 de octubre Chris y yo
cogimos el coche y pusimos rumbo a la capital de los EE.UU. De camino paramos
en Premium Outlets, en la frontera de Pensilvania con Maryland, ya que me
hacían falta unas botas y en Nueva York no encontré unas que me gustaran.
Después de repasar varias tiendas sin éxito, almorzamos en el Food
court (que es la zona de restauración dentro de un centro comercial),
y seguimos nuestro viaje.
Antes de relatar mi experiencia en la
ciudad, dejadme que os explique muy brevemente su distribución. Washington
D.C. significa "Washington District of Columbia", y está rodeado por
los Estados de Virginia (al oeste y suroeste) y de Maryland (al norte, este y
sureste). El Distrito de Columbia está dividido, mediante un eje vertical y
otro horizontal, en cuatro cuadrantes: noroeste, noreste, suroeste y sureste.
Ambos ejes se cruzan en un punto: el Capitolio, por lo que podemos decir que el
Capitolio está en el centro de Washington D.C. El cuadrante donde viven las
personas más acomodadas y, por extensión, el más cuidado y con la mayor oferta
de ocio, es el noroeste.
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| Vista satélite de Washington D.C. y sus cuatro cuadrantes |
Algo que no recomiendo por nada del mundo
es adentrarse en la ciudad en coche. Craso error. Con lo que nos gastamos en
parking en dos días ya habríamos comprado tres chalets en la Moraleja. La
Virgen, qué caro es. Lo que se debe hacer es dejar el coche en un aparcamiento
gratuito que hay a las afueras, coger el metro allí y ya moverse en metro todo
el tiempo. Pero, quitando el tema aparcamiento —que puede asemejarse en
otras ciudades—, la ciudad está muy bien. La compañía tampoco estuvo nada
mal, ya que quedamos con unos amigos —malagueños— de Chris que
estaban de viaje por el país y pudimos visitar juntos diversos lugares, como el
edificio de la Old Post Office (la antigua oficina postal) desde el que se
podía ver el Washington Memorial (Monumento a Washington) o el cuartel general
del FBI.
Por la noche fuimos los cuatro a Georgetown, que es
un barrio del noroeste con mucho encanto donde hay cantidad de bares,
restaurantes y tiendas. Después de cenar y tomar unas cervezas por la zona,
Chris y yo volvimos al centro y fuimos a Ultra Bar, una discoteca cuya fachada
veíamos desde nuestra habitación y que estaba bastante bien: buena música,
diferentes ambientes y precios razonables.
El sábado, por su parte, aprovechamos para
visitar el National Mall (o Explanada nacional). Se encuentra justo en el
eje que separa el cuadrante noroeste y el suroeste, y es una zona de
jardines al aire libre donde se encuentran los principales monumentos de la
ciudad y que está rodeada de museos. Cabe recalcar que en Washington casi todos
los museos son gratuitos.
Nuestra primera parada fue el Museo del
Aire y del Espacio, donde se pueden ver transbordadores espaciales, naves que
fueron a la luna en su día y trajes de astronauta que conservan incluso el
polvo lunar (y por cómo estaban los trajes, se ve que por allí barren poco).
También vimos una película IMAX sobre los distintos aviones legendarios de la
historia y pudimos tocar una piedra lunar.
| Museo del Aire y del Espacio |
A continuación, nos dirigimos al Museo de
Historia Nacional Estadounidense, perteneciente a la Institución Smithsonian,
donde se puede ver desde el sombrero de Lincoln hasta los zapatitos de rubí
originales de El Mago de Oz.
Tras despedirnos de Francisco y Joaquín,
Chris y yo continuamos el día por nuestra cuenta. Así, nos colamos en la
terraza del Hotel W Washington, desde el que hay unas vistas geniales y, tras
hacernos unas fotos rápidas delante de la Casa Blanca, volvimos a la zona del
National Mall y fuimos caminando hasta el Lincoln Memorial, donde está la
estatua de Lincoln sentado y desde donde se pueden ver el Reflecting Pond, el
Washington Memorial y el Capitolio, alineados a la perfección. También se
encuentran allí los monumentos a la Guerra de Vietnam, a la de Corea y a la
Segunda Guerra Mundial y, tras verlos, mi infatigable, paciente y maravilloso
guía accedió a que fuéramos en busca de mis ansiadas botas, aunque tampoco tuve
mucho éxito esa vez...
| Césped enfrente de la Casa Blanca, con el Monumento a Washington detrás |
Ya a la noche, el padre de Chris vino y
nos invitó a ver el partido de fútbol entre D.C. United y Chicago. Algo curioso
es que aquí un día de partido implica llegar a mediodía al aparcamiento del
estadio, sacar la parrilla y las bebidas, y pasarse el día de barbacoa a la
espera de que empiece el partido a la tarde-noche. Una vez el partido hubo
acabado, volvimos al coche y emprendimos la vuelta a Shippensburg.
Appalachian Trail
Aprovechando que estamos en otoño y que en
esta zona de Pensilvania el cambio de color de las hojas es todo un
espectáculo, el domingo decidimos hacer una ruta corta del sendero de los
Apalaches. La ruta, llamada Pole Steeple Trail, culmina en la cima de una
montaña donde las vistas son impresionantes.
| Appalachian Trail, Pensilvania |
Y algo muy interesante es que, de vuelta a Shippensburg, ¡tuve la suerte de ver un coche de Amish! Allí iban ellos, en pleno siglo XXI, con un carruaje al estilo Sherlock Holmes. Pero, eso sí, con el triangulito atrás. Jeje.
| Coche Amish a la entrada de Shippensburg |
Karting, Minigolf and Carlisle Halloween Parade
El lunes Chris me llevó a unos karts con
la intención de darme una paliza, y al final se la di yo a él ;). Cuándo aprenderán estos guiris... Después de echar un minigolf cuyo
resultado no viene al caso (...), volvimos a Carlisle y cenamos en Wendy’s, una
especie de McDonald’s que algunas personas dicen es más sano, aunque hay
polémica al respecto.
Tras esto, nos topamos con que era el desfile de Halloween de Carlisle y, como todo pueblo que se precie, no faltaron los pueblerinos (townies) que llegan una hora antes para coger sitio y poner sus sillas
en la acera desde donde ver el desfile. Yo, muy inocente, al ver las primeras sillas en la acera no tengo otra cosa que pensar "anda mira, aquí la gente también se sienta al fresco". Jeje.
¡Y con eso se acabó lo que se daba! Aquí os dejo el enlace a las fotos del Fall Pause.
Hacia Halloween
Por su parte, este fin de semana pasado decoramos calabazas de Halloween (pumpkin carving), y conocí a los tíos
de Chris, supersimpáticos, y también a un amigo suyo, Damon, con el que
estuvimos tomando unas cervezas el sábado. Damon vive en Carlisle y es
profesor de español en el instituto de Shippensburg (de hecho, fue el profesor
de Chris cuando él estaba en el instituto). Lo curioso es que cada verano coge
la maleta y se va a Pedregalejo, Málaga, a pasar el verano allí. Me alegra
decir que es una persona más a la que quiero cocinarle una tortilla de patatas.
Me lo pasé genial.
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| Decorando calabazas de Halloween :) |
Por último, tengo que darle las gracias a
mi guiri, porque gracias a él y a aguantarme… ¡al fin he dado con las botas que quería! Son
unas Steve Madden que se escondían en un Macy’s del Harrisburg Mall, y que son
ahora mismo las niñas de mis ojos ;).
Nada más, un beso y que paséis una buena
semana!
Isa


