Al final va a ser verdad lo que dicen de que cuando te vas a vivir a otro país, tus defensas suelen estar más bajas y tienes más probabilidades de enfermar. Contra ese argumento, he de decir que durante el año que estuve de Erasmus en Reino Unido, solo tuve que ir una vez al médico y fue porque me había doblado el tobillo. Esta vez parece que regalan brownies en el Health Center de Dickinson porque, por una cosa o por otra, ya he ido tres veces en tres semanas: costocondritis, otitis y, ahora, amigdalitis.
Durante la Orientation Week nos dijeron que, si nos encontrásemos mal, que ni se nos ocurriera presentarnos en la sala de Urgencias de ningún hospital porque es lo que más caro sale. Como ejemplo, un estudiante tuvo que ir el fin de semana pasado porque se hizo un corte en la mano que no dejaba de sangrar y el Health Center estaba cerrado y solo por desinfectarle la herida y vendársela, 100 dólares. Y los del hospital le dijeron que hubieran sido 1000 si no llega a tener seguro… Qué, nos gusta España ahora, ¿eh? ;)
Bueno, descartando la opción de ir a Urgencias, lo que hay que hacer es llamar o ir al Health Center, que está en el mismo campus, y pedir cita (suele haber para el mismo día). Una vez allí, lo normal es que te examine un nurse practitioner, que es la persona que, tras licenciarse en Enfermería, ha continuado formándose y especializándose en una rama en particular (familia, pediatría, cuidados intensivos…), en la que ahora trabaja. Si lo estima conveniente, tras verte te puede derivar a una clínica privada (agencies, en inglés) para que te examinen mejor y te hagan pruebas. A mi tanto no me ha hecho falta; la nurse practitioner me vió y supo de qué iba el tema.
Respecto a la costocondritis, días antes me había pasado que, después de desayunar, sentía un poco de presión en el pecho, pero en nada se pasaba. Esa vez, estaba sentada en los cushies a media mañana y el dolor no desaparecía. Intenté beber agua porque creía que tenía algo atascado en la parte baja del esófago pero, por más agua que bebía, nada. Intenté respirar profundamente, pero solo iba a peor —cuando tienes costocondritis, respirar profundamente solo empeora las cosas—. Pues bien, después de quince largos minutos, decidí ir al Health Center y, al llegar, me dijeron que tenía suerte porque había un hueco en un cuarto de hora. Y en mi estado de emergencia pensé: “Si no hubiese habido un hueco libre, ¿hubiera tenido que irme y volver al día siguiente?” Supongo que no. Esa vez la broma no me salió cara, porque lo único que me mandaron fue tomar ibuprofeno durante cuatro o cinco días y una pastilla al día para la acidez. Como me he traído un cargamento de ibuprofeno y paracetamol, solo tuve que comprar allí mismo el bote para la acidez, que fueron diez dólares.
En cambio, cuando la semana pasada fui de nuevo y resultó que tenía otitis, ya en la farmacia las gotas que me recetaron me costaron —seguro sanitario mediante— treinta dólares. No quiero ni pensar lo que cuestan sin seguro. Eso sí, el Health Center de Dickinson tiene un servicio gratuito de transporte para llevarte a la farmacia y traerte, lo que está muy bien dadas las circunstancias.
Las farmacias, por su parte, funcionan de un modo algo diferente a las de España. En España suelen ser establecimientos localizados en la calle. En Estados Unidos, las farmacias suelen ser una sección dentro del supermercado (algo así como “Voy a por Pringles y de paso compro un paquetito de paracetamol”). También se diferencian en el tiempo de espera. En España, das la receta, te traen el medicamento, pagas y te vas. Aquí, das la receta, la tarjeta del seguro, en mi caso rellené un formulario porque era la primera vez que iba (y que ha servido para que me manden un vale de descuento para próximos medicamentos), te preguntan si vas a esperar o si vas a volver en otro momento —lo que me desconcertó un poco—, esperas unos quince o veinte minutos en unos sillones que hay (mientras lees carteles del estilo de “Free ride in a police car! Just steal something here”), te traen el medicamento, pagas y te vas.
Las farmacias, por su parte, funcionan de un modo algo diferente a las de España. En España suelen ser establecimientos localizados en la calle. En Estados Unidos, las farmacias suelen ser una sección dentro del supermercado (algo así como “Voy a por Pringles y de paso compro un paquetito de paracetamol”). También se diferencian en el tiempo de espera. En España, das la receta, te traen el medicamento, pagas y te vas. Aquí, das la receta, la tarjeta del seguro, en mi caso rellené un formulario porque era la primera vez que iba (y que ha servido para que me manden un vale de descuento para próximos medicamentos), te preguntan si vas a esperar o si vas a volver en otro momento —lo que me desconcertó un poco—, esperas unos quince o veinte minutos en unos sillones que hay (mientras lees carteles del estilo de “Free ride in a police car! Just steal something here”), te traen el medicamento, pagas y te vas.
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| Promoción de antibióticos al lado de los congelados de un supermercado |
Siguiendo mi linea de visitas semanales al Health Center, hoy me he decantado por una amigdalitis. Nunca pasan de moda. Cuando le he enseñado la garganta a la enfermera, ¡era para haber grabado su reacción! Nada más abrir yo la boca y acercarse ella a mirar, se ha echado para atrás ojiplática. No lo cuento, lo escribo:
“Ok, let’s see… Oh, God! Well, there’s definitely something going on there!”
Yo ya sabía que era amigdalitis, ya que es como el turrón de Suchard (aunque este año se ha adelantado), y lo único que quería era antibióticos, para qué nos vamos a engañar. Por eso cuando ha dicho “Take this antibiotics three times a day and come back tomorrow —I wanna see if it’s any better then. If not, I will send you to an agency where they will have to open – clean it – and…”, la verdad es que no me he enterado muy bien de lo que quería hacerme si mañana la cosa no iba a mejor, porque la he cortado y le he venido a decir que en España esto con unos antibióticos de toda la vida se cura, que NO HAY NECESIDAD de rajar nada. ¡Vamos, hasta ahí podíamos llegar! Ya he tenido que pagar otros diez dólares por la amoxicilina, como para hacer que alguien se emplee en mí. Me veo dejando Dickinson y poniéndome a vender paraguas, vamos :P
El culpable de mi estado de salud
Exceptuando la semana pasada, marcada por las inundaciones que poco a poco se acercaban a Carlisle mientras nos reíamos de ello —terremotos, huracanes e inundaciones ocurren a pocos kilómetros de aquí, pero a Carlisle misteriosamente nunca llegan…—, estamos disfrutando de una temperatura muy buena. No hace calor ni frío, y eso viniendo de una friolera dice mucho.
Haciendo tan buen tiempo, no se entiende que cuando entres a cualquier edificio te sorprenda una ráfaga de aire acondicionado a 65 grados Fahrenheit (unos 18 grados Celsius). Hasta los estudiantes de aquí tienen que ponerse un jersey o similar cuando entran. No tiene ninguna lógica. Ellos mismos me lo han dicho, que es algo que es así aquí: cuando entras a algún edificio te pones algo para no pasar frío dentro. Y así en los edificios, las clases, los auditorios, los coches...
En la casa pasa igual. Solo que todos los TA que vivimos en la casa lo apagamos sin piedad a la primera de cambio. Pero como hay dos frentes de batalla, cuando llegan los estudiantes de aquí, lo encienden. Y así nos tiramos todo el día. En mi habitación lo que he hecho ha sido tapar con fiso (celo o cinta adhesiva para los del norte) y cartulina la rendija del aire, de forma que no entre. Está como a dos metros del suelo, así que ahí estaba yo encima de la cómoda con el fiso en la boca y la puerta abierta por si me caía, que alguien con el tiempo me viera y me diera con un palo. La idea de tapar el conducto del aire con fiso la saqué de La habitación del pánico, cuando la madre recurre a esta solución para evitar que entre el gas que los ladrones están suministrando por el conducto del aire para hacerlas salir de la habitación. En mi caso el aire acondicionado es como si fuera gas, porque ya me ha causado una otitis y una amigdalitis.
Solo espero que cuando llegue el frío no pongan la calefacción a 35 grados, porque tendría que llevar el chaquetón y la bufanda para las idas y venidas por el campus, ¡y el bikini y las chanclas para estar dentro! Aunque, claro está, siempre podría decir que "Eso en España es normal" ;) jeje.
Os dejo por último una foto de mi rincón favorito de mi habitación, y espero que paséis una buena semana.
¡Besitos contagiosos a todos! ;)

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