Queda una semana para irme a los EE.UU. Y aún no me hago a la idea. Terminé de trabajar el viernes 29 de julio, y desde entonces la verdad es que siento que apenas he hecho nada: estas dos semanas han pasado volando. Teniendo tan cerca el viaje, estos días se pueden resumir en: análisis de sangre, ponerme la vacuna de la varicela —sí, me la exigen—, ir al dentista, al láser, a la peluquería, al banco, ver a la familia, quedar con cada uno de mis amigos al menos una vez para despedirnos... En resumen, lo que viene siendo la puesta a punto estándar antes de un viaje largo.
Será por que he estado todos los días liada y ocupada si no con una cosa, con otra, que no siento que haya estado de vacaciones en un sentido estricto y, por ello, me resulta raro pensar que en dos semanas empezaré a trabajar de nuevo y a ir a clase. Responsabilidades otra vez. Y a mayor escala.
La verdad es que conforme se acerca la hora de irme, me imagino en la Universidad dando clases de español y la pregunta que me ronda la cabeza es '¿Estoy preparada para esto?' A lo que yo misma me respondo 'Son los nervios; es normal sentirse así'. Y es que siento que esta experiencia va a significar mucho para mí a nivel laboral y personal y quiero exprimirla al máximo. El cosquilleo en el estómago está claro que viene en el paquete ;).
Eso sí, mañana empieza la Feria de Málaga, así que la-que-yo-me-sé deja todas las responsabilidades y preocupaciones a un lado hasta el miércoles que viene y se prepara para cuatro días de feria nonstop.
¿Existe una manera mejor de decirle hasta luego a Málaga? ;)
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